
Providencia no perdona. O te cura el espíritu con su silencio de montaña mágica o te perfora la cabeza con el bajo retumbando desde el fondo de un_speaker en Lazy Hill. Mientras San Andrés entra en el vértigo de una urbe Caribe moderna y desordenada, su isla hermana preserva ese ritmo pausado, místico y terrenal donde la creación musical ocurre con otra hondura. Con sus propias dinámicas y enfoques.























